A veces me sorprendo dejándome llevar por la ira. Es un golpe súbito. Innecesario casi siempre, servero, vulgar, descontrolado, fulminante y corto, estúpido, evitable, desenfocado. Y siempre, siempre, siempre me arrepiento de esos cinco segundos de confusión en mi cabeza que me arrollan más que al destinatario de mi insolencia.
No entiendo qué resorte salta y hace que pierda el dominio sobre lo que escupo. No lo entiendo pero a partir de hoy voy a dejar de intentar entenderlo y a tratar sólo de evitarlo. Me lo prometo.
“¿Y tú por qué no eres presidente y me defiendes delante de los
simpatizantes de tu partido en un acto de precampaña?”, preguntan las
mujeres españolas a sus maridos tras ver el beso de Sánchez a Begoña Gómez
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“A ver, ¿qué te cuesta tener un gesto así conmigo de vez en cuando?”. Con
esta pregunta han interpelado miles de personas a sus parejas estos últimos
dos d...
Hace 3 horas
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