A veces me sorprendo dejándome llevar por la ira. Es un golpe súbito. Innecesario casi siempre, servero, vulgar, descontrolado, fulminante y corto, estúpido, evitable, desenfocado. Y siempre, siempre, siempre me arrepiento de esos cinco segundos de confusión en mi cabeza que me arrollan más que al destinatario de mi insolencia.
No entiendo qué resorte salta y hace que pierda el dominio sobre lo que escupo. No lo entiendo pero a partir de hoy voy a dejar de intentar entenderlo y a tratar sólo de evitarlo. Me lo prometo.
Tres encapuchados -tal vez Sánchez, su esposa y su hermano- atracan una
joyería de Madrid
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Tres personas encapuchadas -tal vez Sánchez, su esposa y su hermano- han
entrado a última hora de la tarde de este martes (sobre las 21.00) al
centro comer...
Hace 1 día
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