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viernes, 16 de julio de 2010

De que hablo cuando hablo de correr

Yo no sé de qué habla Murakami cuando habla de correr pero cada vez que corro hablo conmigo de un montón de cosas importantes y alguna sandez. Hablo, por ejemplo, de esos primeros doscientos metros en los que sólo quiero darme la vuelta y tumbarme en el sofá. Pero sigo, sé al rodear ese jardín con columpios ya puedo ver el arbol centenario que ningún PGOU ha podido cargarse todavía y lo toco con la consciencia de la palma de la mano. Celebro con él que vencí la pereza y sigue la fiesta en el Ipod. No sé por qué pero casi siempre corro con Sidonie y Lori Meyers... sus bajos me dan el ritmo del paso y como el aleatorio de la reproducción es mi mejor amigo suele acertar en la marcha pertinente. Es curioso, atinaa incluso en las cuestas.
Por las mañanas el recorrido acaba antes de los treinta minutos obligatorios. Creo que es porque hay menos gente y sus ojos no me apremian, sólo las canciones. Pero en verano no me apetece madrugar así que corro cuando anochece y entonces un montón de viejos y madres -los niños pasan de mí- me aúpan contra la desaceleración y la vergüenza. De los viejos percibo admiración y recuerdos. Suelen estar sentados o caminando apoyándose en la cacha y, a veces, tengo ganas de parar y darles un abrazo para que no se pongan tristes pensando que han perdido velocidad. No lo hago, claro, sonrío y pongo cara de sufrimiento, no es difícil, un poco de teatro para la solidaridad: también seré vieja, no podré correr y recordaré cómo lo hacía.
Las madres me dan un poco igual así que solo me pongo derecha a su paso por aquello de presumir de forma, aunque, no da más... hay madres verdaderamente inverosímiles. Y sorteo niños y perros con la misma audacia con la que llego a tiempo para que me salpiquen los riegos automáticos. Esos cabrones lo refrescan todo, te empapan y parece que has sudado mucho aunque sólo sea agua. Te empapan y te alegras porque pocas situaciones hay tan próximas a la libertad como la de ir con los pies pingando por cualquier camino.
Correr es la mejor decisión de estos meses. Cuando empiece a bajar la cuesta espero recordar este año sólo como el que decidí que sufriría media hora diaria a la espera de una sorpresa. Porque siempre, siempre, siempre pienso que me espera una gigante al llegar a casa, tras hacer los estiramientos en el jardín. Prolongo la expectativa diaria todo lo que puedo. Es mi gran momento. Antes, los mails, los sms, mms y las llamadas son un elemento más de lo cotidiano. Pero después de correr me concentro en el relevante acontecimiento que me espera: ¡es un premio! ¡debería ser un premio!¡MEREZCO UN PREMIO!,¡SOY UNA CAMPEONA! y sé que el premio ya lo he disfrutado pero no me resisto a concentrarme y a desear uno más. Uno concreto y con silueta propia. Con ruido propio y nombre ídem, con sentido, con magia, con futuro. Aunque correr, no sé si lo dice Murakami, es aprender que ese axioma que repetimos autómatamente es verdadero y bello: del sufrimiento sí se aprende. Se aprende si te esfuerzas por cambiar lo que está estropeado o nunca funcionó. Se aprende, sobre todo, si dejas de tratar de entender y te expones a sentir.

Metáfora visual de la semana como gesto iconoclasta dedicado a... coño, a mí!!!


QUÍTESE "DIBUJADO" Y PÓNGASE "CORRIDO".

sábado, 10 de julio de 2010

CONSCIENCIAS REPLICANTES

Ayer T. dijo "si alguien ve las cuestas demasiado empinadas... que no tenga hijos", y me asusté.

Aquí un cuento bonito y musical, a ver si se me pasa.

miércoles, 7 de julio de 2010

Vete hasta la luz, vete hasta la luz

Mientras espero a que lleguen escucho un insecto achicharrándose en mi lámpara Fado. Ahí dentro se está produciendo ahora mismo una metáfora siniestra. Pobre bicho, fue ir hasta la luz y joderla. Fiáte tú de las señales luminosas. Fiáte y no corras que diría mi madre.
Ay.

Pollismos

Tengo un amigo nuevo. Se llama J.H.C. y tiene 84 años. Es de esperar que me dure poco y eso me apena porque en cuatro días de intensa convivencia me ha dado tantas lecciones de vida que he gastado la Moleskine.
Mi amigo J. es muy marica. Mogollón. Y su punto de vista para ver cualquier cosa son las pollas. Su pollismo -supongo que puede llamarse así- es un enfoque peculiar: consiste en buscar la arista más sexual de cualquier experiencia. La más sensorial también, creo. J. es un artista reconocido, internacionalmente reconocido si es que se puede decir semejante pedantería, y habla de otros arstistas igual de (re)conocidos con mucha gracia y mucho pollismo. Y sabe todos los secretos de la familia que me ha tocado. Son muchos, algunos sexuales, cómo no, los más de traiciones, influencias y vestidos Delfos. Si un gramo de lo que me cuenta es cierto tendría un guión épico en la libreta negra. Si todo lo es ha llegado el momento de reconocer que lo nuestro no es una familia... es un holograma.
Algunas vidas tienen que contarse.

viernes, 18 de junio de 2010

HIPOTÁLAMO AVIAR

Esta cuesta es más empinada de lo que parecía, qué chunga. Parecía un rato o un inconveniente. Y ha resultado ser un gran problema estructural. ¿He dicho estructural? bah, reconozcámoslo, es un puto problema hormonal. La vida es un puto problema hormonal. La vida de algunas mujeres es un puto problema hormonal. Up & Down ¿Cómo no existe un dúo de pop con este nombre? ¿Existirá? Probablemente. Ya lo dijo Nick con buen criterio, "cuántos problemas nos ha generado el pop" ergo alguien habrá tomado buena nota.
El caso es que me siguen haciendo gracia los chistes sobre alteraciones glandulares. Tienen ese punto de veracidad que universaliza el mensaje. Reconocerse es una buena ducha aunque contenga la mala baba que los autores de chistes necesitan.

¿Por qué tienen la regla las mujeres?
Porque por algún sitio tenían que explotar las muy chifladas.

Son díscolas las hormonas. Imprevisibles, silenciosas, tercas. Pueden conseguir que saltes de alegría por trincar lo que a ti te parece una ganga, claro, pero básicamente reparas en ellas cuando te ahogas de llanto porque no recuerdas, qué se yo, dónde aparcaste el coche.
Repaso el motivo de llantos idiotas, literales, metafóricos o aplazados y reconozco que me siento como una hormona viviente, qué cruz, gensanta. Dice mi amiga A. que consulte un médico nutricionista que, a ser posible, diagnostique a través del iris, por lo visto son muy buenos detectando feromonas díscolas. Hay que ver qué cosas tan raras hace la gente.
No hay que consultar mucho. Hay que aceptarlo y se acabó. Celebro, al menos, que pocas veces doy por saco con mis hormonas al de enfrente. Quizá por eso se multiplican estos accesos de pena… quizá debería empezar a salpicar, dicen que libera.

lunes, 14 de junio de 2010

SINSENTIDOS

A ver que yo me entere...
Si oigo mal por la sordera súbita, si en la última guerra las bacterias han conquistado mi gusto y mi olfato y la conjuntivitis ya no escuece pero no veo tres en un burro ¿soy un ser sin sentidos?
Me queda el tacto, intacto.
Me da la risa.
¿Quién le ha quitado el puesto al sentido del humor? ¿Por qué no es un sentido el único de aquéllos que ayuda a relativizarlos todos? ¡Qué mal recuento de la estructura corporal hicieron los clásicos! ¡Qué olvido más tonto!
Reclamo su espacio para el sentido del humor. Tan necesario como escaso si lo buscas verdadero.
Para distinguirlo del chiste o la ocurrencia están las desgracias. Si consigues esquivarlas a mandíbula batiente es que es. No lo es si la mandíbula bate o abate al contrario, no es aunque lo parezca.
Tengo dos sentidos y siento que son de los mejores. Toco. Río. Soy.

sábado, 12 de junio de 2010

DISPERSIÓMETRO

Estoy en saber qué tuerto me dedica sus miradas. Más cíclope que tuerto ha de ser el jodío que me satura de virus y me gasta ciber bromas y cenas con sal y me mira de lejos aunque aliente en mi cogote.
Los días se van y no enfoco. La cabeza sigue trotando hasta capitales y hasta letras capitales. Tantas horas sin acción esperan su turno que ya hasta es divertido no hacer. Tengo un amor nuevo que se llama E., cómo has podido estar ahí arriba sin que te diera una oportunidad. Ahora leo solamente a golpe de confianza. Ganas de aprender. Eso sí, eso, afortunadamente, sigue siendo un minúsculo motor.
Parece que este cuerpo quiere llamar mi atención, hala, ya te hago caso chiquitín.
El señor elegante ha vuelto a llamar. Transmite calma, sube la autoestima y propone retos, citas y proyectos.
Aunque la dispersión sea profesional algo bueno habrá en tanta parada técnica.

miércoles, 9 de junio de 2010

LOS COMBATES COTDIANOS

Manu Larcenet me ayudó a dormir ayer. Se queda una más tranquila tras leer una historia que también acepta que casi todos tenemos miedos parecidos y que sólo se resuelven con reflexión y sufrimiento.
Lo que no cuenta este magnífico álbum es que hay afortunados que no pasan por el trance de mierda de no encontrar la manera de salir a flote. El sufrimiento seguramente es pedagógico pero la ignorancia, a veces, es infinitamente más ilustrada o al menos más entretenida.
Si ya lo dices tú, Larcenet querido, combates cotidianos… qué perezón levantarse y combatir...

domingo, 23 de mayo de 2010

EL EMO NO MOLA, EH?

Harta. Harta. Harta de mí. Cuánto tiempo embargado esperando. Ya corro. Ya vivo sin hidratos de carbono. Ya me importa un rábano lo que opine de mí casi todo el mundo salvo media docena entre consanguíneos y putativos. Ya soy productiva y tengo algún plan al respecto. Queda atajar también la percepción autosubjetiva y voilà, renacimiento mariano.
Y dedicar estas palabras a otra cosa, al hedonismo quizá. A la vida pero sin tanto ombliguismo del triste. Ahora hay que ponerle ombliguismo endorfino y tal.
Hoy querida audiencia, o sea Rachel, vamos a intentar asomar el flequillo por el ventanuco, después el jeto, luego el muslamen y quizá mañana el representamen. Y que lo curta el sol, carajo, que estoy verde de tanta casa y tanta química.



Hay que bailar esta canción sin parar, sin poder parar. Y dejarle claro a Nacho
Vegas que está jodido con nosotras, la llevas claro, triste, que eres un triste.
Conozco a un triste que al menos hace canciones divertidas. Eso sí que tiene mérito.

jueves, 20 de mayo de 2010

CAMBIAR LA PIEL O TODAS LAS RESPUESTAS VALEN




Pues sí. La clave está en saber la pregunta porque las respuestas son como las miradas cada uno tiene la suya y aunque pensemos que sí, no siempre pueden universalizarse.
Cuando el señor de las manos grandes pregunta ¿qué haría falta? no sé qué contestar porque tengo muchas respuestas. Haría falta otro reto. Un reto total como el que me ha sugerido. Dos libros y un cambio de piel. Y si me pelo en verano ¿cómo sabré que la he cambiado?

miércoles, 19 de mayo de 2010

EL SOL

Por fin ha salido el sol. Ahora sólo falta que caliente. Yo querría sentir eso en la cara, quemando, quemando, curtiendo la piel y surcando las arrugas que están por venir. Que vengan de una vez. Sol... calienta, calienta, calienta.

viernes, 7 de mayo de 2010

MAÑANA



Mañana será un día muy duro. Aguardan emociones de las que no se pueden disimular. Pruebas. Y no estoy afrontándolo de ninguna manera. La tristeza acumulada seguirá interrumpiendo los minutos hasta que salga de mí por completo. Hasta que se renueve con otras penas. Con todas las que quedan por venir. Pero intento convertir esta en mi única calma. Justo la calma que llega cuando sabes que haces lo correcto. Aunque duela.
Mañana intentaré muchas cosas que ya no pueden esperar mucho más sin que esa espera se convierta en un nuevo cataclismo.
Así que mejor mañana. Mejor lo pienso mañana. Mañana a lo mejor es un día mejor que hoy.

jueves, 22 de abril de 2010

DEBERES

Aprender a ser otra persona, por muy bien que pinte el futuro consiguiéndolo, no es sencillo. Me pregunto si además, no será una tarea vana. El caso es que ahora tengo deberes (una carta, una caja, unas frases, unos objetos y una actitud) y las citas cada vez más cercanas, o sea, también tengo más gastos y al señor de las manos grandes cada vez más preocupado. Está tan sorprendido con todo lo que ocurre que hoy ha acabado explicándome por qué no me deriva a otro colega o por qué no se da por vencido. Es un sufrimiento bestial, pero productivo, muy productivo y quiero ver a dónde te lleva. Creo que se arrepiente de haberme dicho hace meses que no creía en las terapias largas. Buf.
Así que por delante apenas una semana para hacerlo todo. Qué difícil. Qué cuesta tan empinada. Qué sola me acompaño.

Como una de esas fotos de Gregory Crewdson en las que haya lo que haya sólo encuentras soledad y silencio. Silencio a pesar del ruido atroz que me ha dejado sorda.Así de indefensa:




O así de indenfensa. Exactamente así de indefensa:



Y para no volver a tener tanto miedo, tantísimo terror ante la consciencia de la soledad vital sólo queda probar a ser otra persona. Eso dice. Eso intentaré.

jueves, 15 de abril de 2010

UN TÍTULO NO LO ES TODO. Y TÚ TAMPOCO.




Lo compré con infinito ansión, justo, justito por el título. Me pareció una señal... otra señal, de esas que yo me invento e identifico a la primera ¡a la primera! siempre, siempre. Esas señales me dan la vida. Si supieras que nunca he estado en Londres, a pesar de haber pagado el viaje dos veces, volverías a la tierra o nacerías ya con tus treinta cumplidos, o te manifestarías por lo charro, o algo.
Es por enfocar el título, no va más allá.
Y después de engullirlo sin remedio, como buscando algo que no ha llegado, me quedo desinflada. Atrapa el envoltorio. Eso sí. Seguro. Y hay frases magníficas y contradictorias cada dos párrafos..."la tristeza no es nada barata" es una de mis favoritas. Aunque no tiene mucho mérito, la verdad.
Creo que no me ha gustado mucho porque es como un día rojo gigante. De esos interminables que duran años, con todos su segundos. Y, francamente, si me tienen que hablar de años rojos, de vidas rojas, de cabezas rojas… casi prefiero que lo haga la única a la que se le puede perdonar todo.



Ni en NY ni en Londres ni en Tokio está el antídoto contra días rojos. Ni en los libros que te entienden tampoco. Ni en la tarta de chocolate ni el strawberry cheesecake de Häagen Dazs (aunque aquí hay una vacuna que relaja bastante)...



No. No está. No es. No habita. No. ¿Cómo iba a estar aquí si los días rojos no existen? Si en realidad... todo es sueño menos lo que tengo yo por las noches. Si no se puede echar de menos lo que no se conoce o justo por eso la espera te hace seguir fumando. Si la realidad parece un chiste y los chistes duelen y los meses pasan y los años se quedan y a la angustia ya no la temes porque has vuelto a morderte las uñas.

Tengo que pagar mi tercer viaje a Londres para poder ir. O mejor igual espero y que me inviten. Vuelve. No te conozco pero vuelve.

martes, 13 de abril de 2010

168 HORAS Y SUBIENDO



Aunque esta canción no se escribió para mí han llegado los días en que parece que se compuso por encargo (mío, se entiende). La última semana ha sido rara. He hecho tantas cosas que todavía no me ha dado tiempo a asimilar la concatenación de aciertos y desastres producidos en las últimas 168 horas. Eslabones de una cadena de ansiedad que me ata al malestar subjetivo tanto, tantísimo, que sospecho que me falta algún dato, que no tengo alguna información que podría ayudar a mejorar esta sensación de asfixia permanente. No puedo pensar más en cómo solucionar esto. Confío en seguir intentándolo a pesar de los malos resultados. Sólo eso.

martes, 6 de abril de 2010

LA ORQUÍDEA MÁS BONITA DEL MUNDO



Hace poco me contaron la historia de la orquídea más bonita del mundo. Se trata de una parábola que acaba diciendo eso tan obvio y tan poco practicado de que si quieres algo de verdad has de cuidarlo una vez lo consigas.

El desastre actual está causado porque ni cuidé ni me cuidaron y admitirlo no le quita tragedia al asunto.

Sí se pueden desplazar los pensamientos. Pienso desplazarte de mi pensamiento cada día a partir de ayer. Estuvo bien pensar bonito. Pero comienza a ser muy doloroso y no tengo hueco para más desilusiones. En los últimos meses se han ido muchísimas cosas y alguna responsabilidad tendré, digo yo, en esta prolongación de los problemas que sólo consigue agotarme.

De ayer en adelante se acabó dejar que el pensamiento decida dónde quiere ir. Desde ayer decido yo.

La orquídea más bonita del mundo está aquí. Y cuidará de sí misma. Ya está.

EL INSOMNIO DEBERÍA TENER UN NOMBRE MEJOR

Sobre todo porque así podrías insultar personalizando, hacer vudú con su inicial o algo.

Hay pocas cosas más desagradables que despertarse a los pocos minutos de empezar a dormir y saber que ya no vas a conciliar el sueño de nuevo a menos que te levantes, te distraigas un rato y te hagas a la idea de que cuando te vuelvas a meter en la cama (con toda la liturgia previa de este acto diario, a saber: pis, dientes y lectura) será la primera vez que lo haces hoy.

Tener insomnio además está muy mal visto. Hay por ahí un refrán idiota que atribuye a la modorra cierta tranquilidad de conciencia sin que obre sobre semejante aforismo comprobación empírica alguna. Así las cosas, la vigilia, además de ser una tortura que te deja la cara como un personaje de Tim Burton te convierte en términos populares en una potencial mala persona que no duerme porque seguro que le remuerde la conciencia.

Tiendo a la hipérbole, claro, pero cómo no hacerlo después de tantos meses sintiendo esa odiosa sensación de abandonar el nórdico. Levantarse por la mañana para ir a trabajar es un castigo divino diario. UN. UNO. UNA VEZ AL DÍA. NO DOS O TRES O CUATRO.

Pues no te levantes. Ya. Pero si no te levantas y ocupas la cabeza tus occipitales empiezan a ir por libre. Y piensas. Piensas. Piensas. O imaginas. Imaginas. Imaginas. Y mi imaginación me trae muchos problemas. Tantos que me quita el sueño.

lunes, 5 de abril de 2010

TWO FOR THE ROAD

Si al escuchar esto no te emocionas puede que te hayas muerto.

La primera vez que vi Two for the road (S. Donen, 1967) estaba en la carretera con unas cincuenta personas más. Viajaba en autobús desde Madrid y no me importó mucho que me viera llorar mi compañero de asiento. Creo que también pude llorar de risa con esa peli. Y qué decir de los estilismos de Audrey Herpburn. Tan Courregès. Tan Rabane también.




Stanley Donen ha dirigido buena parte de las películas que más me gustan del mundo mundial. Y two for the road es probablemente una de mis favoritas. Describe perfectamente cómo son las relaciones. Cómo se van haciendo feas. Cómo pueden recuperarse. Cómo dependen de algo inexplicable. De eso tan inexplicable que es querer a alguien a pesar de todo. Mejor dicho, de eso tan inexplicable que es querer querer a alguien.



¿No entran ganísimas de verla?

Tengo el día poco inspirado así que mejor lo dejo aquí o me dispersaré de modo profesional. Nada más. Excepto sonreir, porque en Two for the road también trabajó el gran Henry Mancini. Por cierto, ¿no es curioso que la pieza más conocida de Mancini la compusiera en realidad Nino Rota?

domingo, 4 de abril de 2010

VERDE



Hay que obligarse. Pintarlo todo de otro color. Pues eso.

viernes, 2 de abril de 2010

BE CAMP, MY FRIEND

Desde que recuerdo he desarrollado suficiente esteticismo como para poder ser considerada una frívola. El caso es que mientras trataba de conciliar mis impulsos solidarios con mi respiración necesariamente sensorial hacia lo bello sabía que existía todo un universo de objetos hegemónicos que me alteraban (para bien). Estaban, muchos de ellos en casa de mi abuela paterna, en lugares no principales. Los salones isabelinos no me interesaban, el clavicordio barroco me daba miedo (convencida como estaba de que dentro del agujero del cierre había un monstruo), la balaustrada de la escalera tampoco llamaba mi atención. Pero recuerdo que me quedaba paralizada ante determinados muebles y objetos que sólo tenían una cosa en común: eran modernistas, Art Noveau, concretamente. Afortunadamente a diario puedo seguir apreciando la belleza de una esquinera que mi madre, seducida también por sus líneas sinuosas, logró interceptar antes de que, como todo lo demás, acabara en manos de la tía T.
Hace poco, leyendo algunas de las ideas de Susan Sontag, me alegré de medio encajar -con un poquito de voluntad- en lo que ella llamaba el Camp naïf o ingenuo. Me etiqueto con benevolencia, claro está, quiero pensar que, aunque lo bello me interesa profesionalmente y como universo gigante sobre el que investigar cuando me quite la pereza, de pequeña no podía estar sometida a semejante planteamiento.

Algunos apuntes para la reflexión sobre el Camp sontagonero:

-El Camp es un cierto modo de esteticismo. Es un modo de ver el mundo como fenómeno estético. Esa manera, la manera del Camp, no se da en términos de belleza, sino de grado de artificio, de estilización (P.1)

-El Camp es una visión del mundo en términos de estilo -pero de una clase particular de estilo. Es el amor por lo exagerado, por lo "off", por las cosas-que-son-lo-que-no-son. El mejor ejemplo es el Art Noveau, el estilo Camp más típico y más plenamente desarrollado. Los objetos Art Noveau, típicamente, convierten una cosa en otra: las lámparas en forma de plantas florecidas, el salón que en realidad es una gruta. Un ejemplo destacable: las entradas al Métro de París diseñadas por Hector Guimard a fines de la década de 1890 en forma de tallos de orquídea de hierro de fundición (P.8)

-La marca del Camp es su espíritu de extravagancia. Camp es una mujer que lleva puesto un vestido hecho de tres millones de plumas. (...) En el Camp hay a menudo algo desmesurado en la cualidad de la ambición, no sólo en el estilo de la obra. Los hermosos y a la vez espeluznantes edificios de Gaudí en Barcelona son Camp no sólo por su estilo sino porque revelan -de modo más notable en la Catedral de la Sagrada Familia- la ambición por parte de un hombre de hacer algo para cuyo logro se requiere toda una generación, toda una cultura. (P. 25).

-El gusto Camp, por su naturaleza misma, sólo es posible en sociedades ricas, en sociedades o círculos capaces de experimentar la psicopatología de la riqueza. (P.49).


La pareja de la fotógrafa por la que a los trece años me enamoré de la fotografía leyendo un reportaje que todavía recuerdo en Ragazza (gensanta, qué cosas), había reflexionado sobre asuntos fascinantes y yo sin saberlo hasta hace poco. Qué poco sé y cómo me atormenta eso...

A lo que voy, el libro que me ha regalado el señor elegante ha sido milagroso. De pronto comprendo, conozco y reconozco el origen de muchas de las obsesiones paralizantes sobre las que pienso a menudo. Y me sienta bien comprender. Comprender es el paso previo a asumir. Y asumir es un buen sinónimo de tranquilizarse.

La belleza me tranquiliza.
Y comerme esta tarta -claramente Art Noveau- podría ayudar... Hmmm.

jueves, 1 de abril de 2010

COUÉ ERA UN MEMO


Émile Coué era un señor muy simpático y bonachón al que podemos culpar de gran parte de los males contemporáneos o hipermodernos que diría Lipovetsky (otro señor, menos simpático, presiento).
Resulta que el gran Coué se levantó un día a principios del S. XX y encontró terriblemente sensato decirse a sí mismo "cada día estoy un poco mejor, un poco mejor" como fórmula luminosa para modificar los males acechantes de cualquier naturaleza, también la física.

Se ve que Coué había leído a Unamuno cuando dijo aquello de "sólo el que ensaya lo absurdo es capaz de conquistar lo imposible" y debió pensar con lógica hermenéutica: si es imposible curar una enfermedad sólo con la voluntad de hacerlo entonces confiar en la voluntad de sanar es absurdo, y ya se sabe... "sólo el que ensaya lo absurdo es capaz de conquistar lo imposible".

Anda que se quedaría tan pancho. La cosa es que el bueno de Coué ha tenido sus adeptos y tal. Y la mayoría de los piscoterapeutas te cobran 100 castañas por escucharte y acabar sugiriendo que te digas cada día "cada día estoy un poco mejor, un poco mejor" que, como se puede apreciar, no es una frase muy sofisticada. Es bastante absurda, de hecho.

El método Coué me parece un timo. Lo que ocurre es que últimamente tengo la impresión de que todo es una gran estafa sideral y al menos a este hombrito le presupongo muy buena intención.

Hablando de estafas siderales... voy mucho a un centro de arte contemporáneo que hay por aquí... lo que he visto esta semana esté entre la estafa y la sabiduría... pero no me decido... juzguen ustedes mismos si la liebre filósofa singulariza el conflicto entre cultura y naturaleza... o dejen de tocar los cojones...



(VV.AA., Artic Hysteria, Da2)

miércoles, 31 de marzo de 2010

RESCATE

"Sí, yo también refresco neuróticamente mi mail a ver si entra el correo que espero". Y el correo que esperas ni siquiera sabes de qué debe tratar. En las últimas semanas me encuentro con un número considerable de mujeres que, como servidora, le regalan horas al tiempo, ese capullo, mientras aguardan a que una nueva realidad las sorprenda y las saque de su paradoja. La mayoría no se quedan quietas mientras esperan pero dedican sus horas a acciones o pensamientos que no son los elegidos. Son los obligatorios.
Y ser consciente de eso te machaca. Yo tampoco sé qué espero exactamente pero me observo un poco absurda mientras le doy al enviar/recibir que congela muchas horas, demasiadas. Tampoco me quedo quieta, procuro esforzarme por alimentar mi cabeza de chorlito con libros, pelis, blogs o información general que ya ni me conmueve.
Y puedo imaginar muchas noticias que agitarían estos días congelados, lentos y a la vez fugaces que se escapan con la misma cadencia con la que te atrapan. Casi siempre son noticias no probables. He trabajado duro para que no sean imposibles y quizá ahí está el error. Si voluntariamente enfocas hacia lugares de difícil acceso has tenido que generar mucha ilusión, mucha fe y muchísimo tesón, tanto que sabes que te has dado una oportunidad para conseguirlo. Aunque también sepas que se trata de una oportunidad bastante quimérica.
La espera hace ruidos. La espera consume energía. La espera también sostiene la poquísima ilusión que queda y ese es el alimento de tus pamplinas.
Esperar es una mierda. Pero ¿cómo se domina la cabeza? ¿cómo deja uno de necesitar que alguien o algo venga al rescate?

domingo, 28 de marzo de 2010

VUELVE, ALEGRÍA

Ray Loriga es la última persona de la que podía esperar un texto tan rotundo.
Reconozco que como perfecta impulsiva profesional también soy taxativa en asuntos culturales. De modo que allá por los noventa me hice más de Mañas (es que veraneaba veraneaba en mi pueblo) que del melenudo aquel al que yo veía claramente pelirrojo y con demasiada pose pseudointelectualoide. Lo abandoné infiel y anticipada tras "Días extraños" y sólo he vuelto a saber de él por sus incursiones cinematográficas y los dos bombos que le hizo a Cristina hago chas, la guapérrima.

Pero reconozco que este texto de hoy, aunque termine metiendo con calzador unos cuantos juicios futbolísticos -probablmente acertados- me ha conmovido varios kilos hasta Disney World, Orlando (la medida de la emoción cuando era pequeña).
Le asiste mucha razón al otrora provocador de la Generación X. Mucha. Muchísima. Mogollón.
La falta de alegría es la gran pérdida humana. La desgracia ítima más devastadora. Una de las trampas de este tiempo confuso y frío. La falta de alegría te seca y te paraliza. Y estrangula la ilusión y sin ilusiones, por vanas que sean, la vida deja de merecer la pena.

Lo sabe bien esta ex alegre, que no insensata, que busca desolada la alegría que perdió y que no consigue generar pensando en nada. Pase lo que pase en mi vida haber perdido la alegría durante un tiempo será, seguramente, lo más amargo que he experimentado incluso si la pérdida es transitoria (Virgencita, Virgencita, plis, que saque un diez en alegría!:-). Espero encontrarla de nuevo. Generarla, fabricarla, inventarla, reconocerla, digerirla, cuidarla, decidirla, saborearla y, sobre todo, compartirla.

Aquí una canción que me pone contenta:

viernes, 26 de marzo de 2010

VESTIR SANTOS O DESVESTIR GILIPOLLAS

jueves, 25 de marzo de 2010

ANTICICLÓN



O llega el sol o palmo. Pero vamos, seguro... Por favor, anticiclón, manifiéstate.